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División de la voluntad (1991).

Authors
Publisher
Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría.
Publication Date

Abstract

División de la voluntad Remo Rodei División de la voluntad El deseo dividido Pecar no significa sino demostrarse indisponibles para la renovación, autoex­ cluirse de los dolores de parto a que todos los seres se someten en su esfuerzo por renacer rescatados: «Sabemos que la crea­ ción entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior, anhelando el rescate de nuestro cuerpo» (Rom 8, 22-23). Una vez perdida la inocencia, y hasta tanto no se abandonen los despojos del «hombre viejo», el alma se verá enredada en los lazos de un deseo dividido. Se verá presio­ nada, a un mismo tiempo, por el empuje divergente de dos imperativos radicalmente inconciliables. La búsqueda del bien provo­ cará su contrario, despertando y movilizan­ do las fuerzas latentes del mal: «Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta. Pues me complazco en la ley de Dios según el hom­ bre interior, pero advierto otra ley en mis miembros que luchan contra la ley de mi razón [tou naos mou I y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros» (Rom 7,21-23; Y cfr. también Gál 5,17). Esta escisión desgarra la mente y el cora­ zón del cristiano. A diferencia del sabio estoico, del individuo que pretende conse­ guir -sin ningún tipo de ayuda externa- el dominio monolítico de sus propias faculta­ des, descubre que está dividido, irremedia­ blemente disociado de sí mismo, opaco a su propia mirada, sujeto y objeto de una con­ tienda que reproduce y repite, de forma dramática, otra: la que tiene lugar, desde tiempos inmemoriales, entre Dios y el Demonio. El eón presente, el aion autos, está hoy, más que nunca, acechado por el «dios de este mundo» (11 Cor, 4, 4), que se compla­ ce, además, en poner a prueba la fragilidad del hombre, desgarrando la «carne oscura». Al igual que Cristo en el Huerto de los Olivos y en el G

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